martes, 27 de julio de 2010

Más que el 20% el 2020

A propósito de la pregunta ¿Es posible lograr que el 20% más pobre de los estudiantes tenga la misma calidad de educación que el 20% más rico en el año 2020? En el Foro de la Educación Chilena del Portal Educar Chile.

La cuestión central no está en pensar sólo para el 20 % más pobre, porque los más pobres son más que el 20 %. Lo que el país requiere es la construcción de un nuevo modelo educacional que pueda ofrecer condiciones materiales y culturales iguales para todos los niños y jóvenes del país, independiente de su situación socioeconómica, región o creencias. En este contexto, el problema no es sólo más recursos y no basta aumentar los buenos docentes para que automáticamente la educación mejore. Acá hay cuestiones estructurales y que por ende son políticas e ideológicas: se trata de qué país queremos y qué educación necesitamos. Y eso hoy no se discute, presentándose la situación sólo como un problema técnico-burocrático, legal o financiero y cargando de culpas a los docentes.
El modelo educacional obedece al mismo modelo económico y político: a desigual distribución de la riqueza desigual distribución del conocimiento: escuelas pobres para niños pobres. Se requieren políticas de Estado construidas a través de un amplio debate nacional para diseñar un nuevo sistema escolar. Así como se requiere un nuevo sistema previsional, un nuevo sistema de salud y una nueva constitución política. La construcción de un nuevo modelo educacional democrático y al servicio de las grandes mayorías del país, está íntimamente ligado a la construcción de una sociedad efectivamente democrática no sólo en las formalidades sino en la distribución de la riqueza y en la distribución del poder económico y político.
Efectivamente hay que construir un nuevo estatuto docente que eleve la profesión docente al mismo nivel de un ingeniero, de un médico o de un abogado con igual nivel de preparación universitaria e igual sueldo. Entonces podemos pedir todo a los docentes. Hoy se nos quiere convertir en meros operadores del curriculum y somos vilipendiados cada día por los malos resultados, en los que teniendo una cuota de responsabilidad no somos los únicos responsables. La lógica ha sido cada vez más control y exigencias burocráticas. Existe y se ha fomentado una desenfrenada desconfianza hacia nuestras capacidades y cada vez más se busca intervenir en el aula y dirigir a control remoto lo que debemos hacer los docentes. Nada se dice que la baja de matrícula en las escuelas municipales ha exacerbado la carga horaria en el aula. Nadie analiza el hecho de que los docentes necesitan más tiempo de trabajo fuera del aula para estudiar, leer, trabajar en equipo, producir intelectualmente, investigar, seguir estudios de post-grado, etc. ¿Cómo se quiere que los docentes sean mejores si se les tiene encerrados en las aulas? Los expertos debieran investigar la rutina diaria de un docente que trabaja en una escuela municipal en jornada escolar completa, descubrirían el desgaste físico, mental y afectivo que ello significa.
La lógica de unos pesos más en difusos incentivos asociados al desempeño para indirectamente compensar los sueldos debiera cambiar. El asunto debe ser al revés: porque los docentes de Chile son profesionales que serán muy bien pagados y reconocidos socialmente en su labor serán altamente calificados y responsables de sus resultados. Así, ser docente en este país sería un honor y por tanto sólo debieran estar los mejores. Y por ello el sueldo sería tan relevante que se les exigirá dedicación exclusiva a la profesión y no tendrán que trabajar en otras actividades para hacer el ahorro complementario que les servirá para paliar la jubilación que muchos docentes hoy están recibiendo (que en algunos casos equivale a un tercio de lo que recibían en servicio)
El discurso de que los docentes son los principales responsables es milagroso: lava las culpa de todos los demás actores involucrados en el acto de educar a las nuevas generaciones. ¿Los medios de comunicación, principalmente la televisión, no tienen ninguna culpa en el deterioro del lenguaje y en el deterioro del capital cultural de los chilenos, léase hábitos intelectuales, habilidades sociales y otros? ¿Los padres no tienen ninguna cuota de responsabilidad en el deterioro de los hábitos, en la deformación valórica y en el control y supervisión de la formación de sus hijos? ¿Las direcciones y corporaciones de educación no tienen ninguna responsabilidad en las decisiones que toman y que determinan las condiciones materiales y administrativas en que trabajan los docentes? ¿Los alcaldes no tienen ninguna responsabilidad en la gestión del sistema escolar municipal? ¿Acaso la mayor de las veces las decisiones no se toman más bien obedeciendo a cálculos políticos? ¿Qué tan ágil son los municipios en la gestión de los recursos, sobre todo los que provienen del Ministerio de Educación? ¿Se ha estudiado cuántas semanas demoran los trámites desde que el Ministerio deposita los fondos hasta que se emite el decreto alcaldicio que autoriza su uso? ¿Qué responsabilidad asumen los funcionarios del Ministerio de Educación-a todo nivel- por la cantidad impresionante de programas y proyectos que instalan en las escuelas convirtiéndolas en árboles de pascuas con tantos colgajos? En esta lógica, todos los programas son excelentes y son las escuelas las que no saben gestionar. Las escuelas son conejillos de india; se inventan programas, se prueban y los conejillos nunca supieron si continúan, si fracasaron; total mañana aparece otro (véase por ejemplo el SACGE) ¿Qué responsabilidad asumen los senadores y diputados frente a toda la legislación muchas veces contradictoria que elaboran, donde la ley de las compensaciones hace aprobar normativas inconclusas? (en la ley de asignación de desempeño, originalmente sólo se beneficiaban los docentes con funciones directivas, sin embargo los y las jefes de UTP actúan cotidianamente como un docente directivo y muchas veces los reemplazan y representan en diversas actividades, además constituyen los equipos de gestión; pero no fueron considerados en la asignación. Tuvo que legalizarse después. El mismo PADEM está desfasado del año escolar, mientras se está ejecutando debe hacer el del año siguiente (¿?) ¿Qué responsabilidad asumen los formadores de docentes? ¿Se hacen cargo de la calidad de la formación que entregan a las nuevas generaciones de educadores? ¿Acaso lo que ha venido primando no ha sido la simple lógica hacer un negocio?
Es cierto que hay docentes que son deficientes en su trabajo, pero también hay médicos que han cometido negligencias mortales, jueces que han enviado a la cárcel a inocentes, abogados que se prestan para turbios enjuagues, alcaldes, diputados, senadores y ministros incompetentes y funcionarios que engruesan su patrimonio de manera muy discutible. Pero esos casos no empañan la importante labor que cada sector desempeña. Igual situación acontece con los docentes ¿Por qué el sistema educacional está mal por culpa de los docentes y por qué el sistema de salud está mal pero no por culpa de los médicos? Echarle la culpa de todos los males de la educación a los docentes es la forma más simple de eludir la responsabilidad que deben asumir quienes a todo nivel han dirigido el sistema educacional chileno.
En síntesis, los docentes no fomentamos la violencia escolar, no construimos viviendas básicas donde los pobres viven hacinados en barrios que caminan a convertirse en favelas; no pagamos bajos sueldos haciendo que los padres gasten toda su vida diaria en el trabajo y descuiden la vida personal y escolar de su hijos; no decidimos los programas de TV que bajo la lógica más mercantil educan a la población en modelos de vida donde no hay responsabilidad social, sólo exitismo y vanalidad. No decidimos que la educación sea una mercancía más en el Chile de hoy. No decidimos que cualquier institución que cumpla con los requisitos legales pueda formar docentes.
La Educación 2020 es una buena iniciativa y hay que apoyarla, pero se sitúa en la misma lógica de sempiterno paternalismo que desvía la atención por los problemas estructurales de la vida nacional: a falta de un sistema previsional justo, democrático que garantice pensiones para que todos los jubilados vivan dignamente, se crea una pensión compensatoria; a falta de una política nacional para garantizar libros baratos y el masivo acceso a la literatura se crea el maletín literario para los más pobres.
Los docentes tenemos una cuota de responsabilidad en el estado en que está la educación chilena y podemos hacer mucho más, pero no hacemos clases en el espacio exterior…

Samuel Leiva Cordero/16 de octubre de 2008.

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