Opinión vertida en el Foro de la Educación Chilena del portal Educar Chile el 27 de Junio de 2010 respecto de el SIMCE 2009: ¿ Sólo malas noticias?
Hay que desmitificar algunos supuestos del SIMCE que se han convertido en un permanente cantinela de las autoridades y difundidas sin mirada crítica por parte de los medios de comunicación social: haciendo que los habitantes de nuestro país comulguen con ruedas de carreta cada vez que se presentan los resultados obtenidos por las escuelas y/o liceos en la respectiva medición anual. Sólo así se podrá comprender y valorar en su justa medida el SIMCE y darle el efectivo uso pedagógico que todos los expertos recomiendan pero que olvidan cuando se hacen parte de la sistemática campaña destinada a estigmatizar al sector municipal.
En primer lugar, aclarar que los procesos educativos que acontecen en las escuelas y liceos, materializados en la enseñanza de los docentes y en el aprendizaje de los estudiantes, son complejas inter-acciones sociales, ideológicas y culturales en la que están presente una variedad de factores tales como la historia familiar y académica de cada estudiante y de su propio grupo curso, la trayectoria personal y profesional de los docentes, sus expectativas sobre los estudiantes, la capacidad de gestión pedagógica de los directivos, el aporte de la familia a las tareas escolares, los recursos materiales y técnicos disponibles en la escuela, el clima organizacional existente, la capacidad pedagógica e influencia de los supervisores del Ministerio de Educación, entre muchos otros. Por ello el aprendizaje escolar no es mensurable como se hace con la producción de zapatos, salmones, frutas o cobre. El puntaje SIMCE no es equiparable al IMACEC, PIB, IPC u otro.
En segundo lugar, el SIMCE en estricto rigor no mide la calidad de educación, pues un grupo reducido de aprendizajes escolares no pueden hacerse pasar como sinónimo de calidad de educación. Excluye las transformaciones más profundas que viven los estudiantes en su desarrollo personal y social, en sus actitudes, valores, hábitos de vida, formación ciudadana, formación artística y deportiva, participación en acciones sociopolíticas, entre otras.
En tercer lugar, el SIMCE no mide todo el currículo sólo lo hace en una porción determinada y a través de pruebas estandarizadas de lápiz y papel con lo cual todos los estudiantes de Chile se enfrentan al mismo tipo de preguntas, no pudiendo demostrar otras formas en que han comprendido, aplicado o recreado determinados conceptos, procesos o procedimientos. La manera de operar del SIMCE, nos indica desde ya que las escuelas que obtienen bajos puntajes no son escuelas en las que los estudiantes no aprenden nada, como se hace ver sistemáticamente a través de la prensa y del propio Ministerio de Educación. A lo más puede deducirse que sus docentes y estudiantes presentan deficiencias en el trabajo de determinados contenidos y habilidades y no más que eso. ¿Cómo se explica que un octavo año que si bien no alcanzó el promedio nacional en el SIMCE, la mayoría de sus estudiantes continúan estudios y obtienen buenos resultados en las pruebas de admisión que tuvieron que dar para ingresar a la enseñanza media?
En cuarto lugar, el SIMCE entrega los resultados bajo la lógica de promedios, por tanto ello también supone que en un curso hay estudiantes que alcanzan puntajes nacionales superando con creces la media nacional y otros que están muy debajo de ella. También en una misma escuela un curso puede manifestar mejores resultados que otro pero como es el promedio escuela ello no es públicamente reconocido.
En quinto lugar, recordemos que el SIMCE fue creado por la Dictadura Militar bajo el supuesto de ser el control de calidad del sistema escolar y permitir con ello a los padres, previamente informados del puntaje SIMCE, elegir el colegio que presentaría mejor calidad educativa, es decir aquel de mejores puntajes. Un supuesto perverso porque históricamente la tendencia de las escuelas pobres es a obtener bajos resultados en cualquier prueba estandarizada a nivel nacional. Eso ha sido así de del origen del SIMCE. Sólo si tomamos la prueba de lenguaje en los cuartos años básicos, en 1999 la distancia entre las escuelas municipales y las particulares subvencionadas era de -20 puntos, en 1996 era de -19 puntos y el 2009 fue de -19 puntos. Para que hablar de la distancia con las particulares pagadas donde ha oscilado alrededor de -60 puntos. Esta situación se repite en los octavos años, donde, por ejemplo, en la prueba de lenguaje la diferencia ha sido de unos -19 puntos promedio entre municipales y particulares subvencionadas y de unos -58 respecto de las pagadas Ahora bien si en los mismos cuartos años básicos miramos la distancia entre los grupos socioeconómicos Bajo y Alto, los dos extremos de la clasificación que hace el SIMCE, resulta que el grupo Bajo se ha mantenido históricamente a - 67 puntos promedio de distancia del grupo Alto en lenguaje y de -78 en matemática. Es decir, por mucho que hagan esfuerzos las escuelas de los niños pobres el sino histórico de la desigualdad económica y sociocultural aflora en cada medición del SIMCE. Esta situación se reitera en cada una de las pruebas y en cada nivel que es medido.
No es sólo el SIMCE, recordemos que cada año que se entregan los resultados de la PSU, los sectores pobres y los liceos municipales en los que estudian manifiestan la enorme brecha educativa. Hace cinco años, una proporción menor de estudiantes de establecimientos privados superaba los 600 puntos: sólo era el 47%. Hoy, constituyen casi 6 de cada diez integrantes de este grupo, que puede acceder a las carreras y universidades más selectivas. En contraste, el número de alumnos de colegios municipales en este tramo ha bajado: en 2004, eran el 10,4% de los que lograban más de 600 puntos. En la última PSU, fueron el 9,8%... Ha crecido la proporción de alumnos de ingresos familiares altos (superiores a los $ 850 mil por hogar) con más de 600 puntos: han pasado de representar el 46% al 58%. Mientras, el número de estudiantes del sector más bajo (ingresos de menos de $ 280 mil) en esta situación ha descendido levemente: en este proceso de admisión, sólo 8% se ubicó en el tramo de más de 600 puntos y universidades más selectivas; hace cinco años, 9% superaba esa barrera. (http://aquevedo.wordpress.com/2008)
Entonces el SIMCE no hace otra cosa que ratificar que en Chile hay educación según la clase social a la que perteneces, hay un sistema escolar que refleja lo que acontece en las otras dimensiones de la vida económica y sociopolítica: los niños que obtienen bajos puntaje en el SIMCE, viven en viviendas sociales en barrios de calles estrechas, hacinados, se atienden a lo más por FONASA en los policlínicos u hospitales públicos, sus empleos si los tienen son de bajos ingresos y para qué vamos a hablar de las posibilidades de jubilación… El SIMCE refleja lo que Chile es hoy en materia educativa, como la educación refleja la estructura social en la que los hogares del quintil más rico del país concentran el 51,03% del ingreso total, con un ingreso promedio mensual por hogar de $1.681.182, cifra 9,5 veces superior al quintil más pobre, que percibe mensualmente $177.041. Los hogares de este último quintil representan el 5,38% del ingreso total. (http://aquevedo.wordpress.com/2008) En síntesis, las noticias serán buenas o malas según la perspectiva desde la que se quiera ver la educación chilena. Si se piensa en que los recursos invertidos no reflejan en el puntaje se asume entonces que muchas escuelas el año 2009 no aportaron ningún valor agregado, lógica empresarial que es válida para la inversión hecha en el seleccionado nacional de fútbol que hoy está en Sudáfrica pero no sirve para los procesos educativos.
Los esfuerzos por mejorar los resultados educativos y no sólo en la prueba SIMCE están en todas las escuelas y liceos del país y periódicamente a unas cuantas escuelas, de las más pobres les tocará bailar con la bonita pero la tendencia histórica seguirá arrojando la misma brecha sociocultural: los niños pobres aprenden menos porque su mundo está hecho para que ello sea así. Sólo en un país distinto es posible alcanzar calidad y equidad en educación, porque en ese país distinto también se habrá alcanzado la equidad y calidad en el empleo, en la vivienda, en la salud, en la participación política, en la distribución de la riqueza nacional, en el tiempo disponible socialmente para la vida familiar, en la participación de los padres en los procesos educativos, entre otros. Ver los resultados del SIMCE desde la lógica de mejorar la formación de los docentes, de mejorar la gestión de las escuelas, de perfeccionar el trabajo en el aula sólo es una parte del problema. Eso sirve para mejorar la situación en algunos pisos pero no resuelve los problemas estructurales del edificio, porque además ese edificio es parte de un diseño de país.
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