Opinión vertida en el Portal de la Educación Chilena de Educar Chile el 24 de julio a propósito de la pregunta: La clasificación de los colegios con colores en virtud de su puntaje SIMCE ¿ayudará a mejorar la calidad de la educación?
Hay prácticas en los sistemas escolares que siglos atrás se asumían como algo muy normal y se justificaban como necesarias para que los estudiantes aprendieran el amor al estudio. Recordemos la palmeta, el gorro de burro, el encierro en cuarto oscuro, la varilla, el llenar páginas y páginas con frases tales como “debo portarme bien en clases”, entre otras. Todas ellas hoy se asumen como totalmente discriminadoras e incluso de practicarse serían denunciadas como un atentado a los derechos humanos, particularmente a los derechos de los niños. ¿Quien aceptaría que en la escuela el docente agrupe a los niños en verdes, rojos y amarillos según sus notas? ¿Quién aceptaría que a su hijo lo echaran de la escuela porque corresponde al 5 % de los estudiantes con más bajo rendimiento? ¿Quién aceptaría que en la escuela los docentes separaran a los niños en cursos de excelencia y cursos sin excelencia? Sin embargo eso es lo que está aconteciendo con la idea del semáforo sobre resultados SIMCE, la idea de los liceos de excelencia y otras políticas propuestas por el actual gobierno.
Es a todas luces-cualquiera que sea- una práctica discriminadora, excluyente y clasista, que atenta contra los derechos más esenciales de las comunidades educativas que están siendo afectadas por esta aristocrática medida. Discriminadora pues parte del supuesto de separar socialmente las “buenas escuelas” de las “malas escuelas”. Excluyente ya que es una invitación a que los padres no lleven sus hijos a esas “malas escuelas” y, por tanto, éstas deben desaparecer del “mercado educacional”, dado que ya nadie se interesa por sus servicios educativos. Clasista porque ratifica que en Chile hay educación según los recursos socio-económicos que se tienen; y quien tiene más recibe más educación. Porque las escuelas con rojo son las escuelas pobres, las que atienden a los niños socialmente más vulnerables. Ninguna escuela del barrio alto o de las capas medias aparecerá con rojo pues allí los niños vienen ya con un “capital sociocultural” suficiente para obtener mejores resultados académicos como ya lo demostraron Bordieu y Passeron en los años 70. Que las escuelas de la clase alta o media obtengan altos puntajes SIMCE no debe ser novedad. Es su obligación y lo raro sería que no los obtuvieran. Sin embargo, en las escuelas pobres, cualquier punto extra que logren cada año es un esfuerzo heroico por mejorar los saberes básicos de los niños más vulnerables, de aquellos que a veces no tienen padres detrás, de aquellos que viven allegados, de aquellos cuyos padres trabajan dobles jornadas para obtener un precario sueldo.
El supuesto de que el semáforo permite transparentar los resultados SIMCE a los padres, olvida el hecho de que decir a secas que esta es una escuela en rojo es una información sin contexto. No hace otra cosa que distorsionar la imagen de una escuela y significa manipular la realidad, ocultando lo que efectivamente hace dicha escuela. Un ejemplo concreto es lo que acontece con una escuela municipal de El Bosque que obtuvo un puntaje inferior a la media nacional el año 2009. No se informa que esa escuela está acreditada como escuela saludable, que tiene certificación de CONAMA como escuela ambientalista, que ha difundido en diversas instancias regionales su trabajo ecológico, que ha mejorado su disciplina y convivencia escolar, que el Consejo Escolar funciona con la participación de delegados de todos los cursos, que allí se hacen talleres de ciencia, de danzas folklóricas y de teatro, que fue campeón provincial de fútbol enfrentando a escuelas con dilatada trayectoria y que tienen supuestamente un SIMCE sobre la media nacional. Entonces ¿no es distorsionar deliberadamente la realidad con eso del semáforo SIMCE? Un padre o una madre que buscase matricula en dicho sector y viese que esa escuela está en rojo saldría huyendo pues según el mapa ese establecimiento huele a “mala calidad” de la educación.
La conclusión es una sola: el semáforo ratifica el Apartheid en el sistema escolar chileno, pues es obvio que mayoritariamente las escuelas con rojo son escuelas municipales y que según la aplicación de la denominada ley SEP cuentan con altos número de estudiantes socialmente vulnerables, los más pobres de los pobres. Apartheid en la tierra de Mandela significaba apartece de ellos. ¡Señores blancos sepárense de esos negros en todos los aspectos de la vida! El semáforo de Piñera-Lavín es el mismo llamado: ¡Señores aparten sus hijos de esas escuelas, que no estudien con esos profesores que no enseñan nada, que no se mezclen con esos niños que no aprenden nada! Es lo mismo decir: “¡Ah no, linda! esa escuela huele a pobre. No mezcles tus hijos con esos rotos” como diría en los años 80 la Pía Correa Gumucio, ese emblemático personaje que interpretaba Coca Guazzini en ese sketch humorístico Los Eguiguren. Sólo que esto no es para reírse, pues la medida discrimina a miles de escuelas, a miles de docentes, a millones de niños y sus familias. Una situación que no deja de ser dramática en un país que viene desde 1990 propiciando la equidad y calidad en la educación. No hay que asombrarse si mañana al Super Ministro Lavín se le ocurre ponerle el “gorro de burro” a los directores y docentes de las escuelas que obtengan bajo resultados en el SIMCE.
Para quienes aspiramos a una educación democrática en una sociedad democrática, no nos queda otra que seguir la ruta de Mandela, es decir luchar contra el Apartheid, disfrazado de un “inocente” semáforo informativo sobre el SIMCE. Y la primera tarea en dicha lucha es hacer público el trabajo educativo de las escuelas más pobres, más allá del SIMCE, es decir, rescatar el aporte sociocultural y ético que hacen las escuelas municipales en los barrios pobres.
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