martes, 27 de julio de 2010

Allende es el Presidente del Pueblo

Publicado en el Blog de Salvador Allende, un aporte de la Escuela Presidente Salvador Allende Gossens de El Bosque, durante la elección de los10 grandes chilenos /julio de 2008 y en el sitio web de la Asociación de Chilenos en Rusia el 22 de julio de 2008: http://www.chilenos.ru/noticia_celebraciones_del_centenario_de_salvador_allende_en_moscu.htm

¿Por qué Salvador Allende debe estar entre los grandes chilenos de nuestra historia?
Allende es el presidente del pueblo. No hay otro gobernante de Chile que se hiciese alma y cuerpo con las esperanzas y sueños del mundo popular de tener una vida digna. Muchos han apelado al voto popular y usado demagógicamente las demandas de los explotados. Allende vivió y murió haciendo realidad esos sueños de una vida digna para los obreros, campesinos, pescadores, pobladores, mujeres y jóvenes. Su trayectoria política está marcada por ese derrotero.
Al revisar su programa de gobierno y las transformaciones económicas, políticas y sociales que promoviera, no hay otro programa de gobierno en la historia de Chile que realizase lo que efectivamente pudo ser una segunda independencia nacional. La recuperación de las riquezas básicas, principalmente el cobre, para ponerlas al servicio del desarrollo del país; la estatización de la banca para usar esos recursos en beneficio de la mediana y pequeña industria; la ley 17.929 de 1972 para frenar la disolución de las comunidades mapuches e iniciar la restitución legal de sus tierras; la profundización de la reforma agraria hasta terminar con el latifundio; la Editorial Quimantú para que toda la población tuviese acceso a la literatura; la preocupación por la infancia materializada en la campaña del medio litro de leche; el proyecto de la Escuela Nacional Unificada, incomprendido en su época, que proponía un modelo educacional al servicio efectivo de la economía y del desarrollo democrático del país; son algunos ejemplos concretos que marcan la diferencia y ratifican su vocación revolucionaria, humanista y democrática.
La figura de Allende se agiganta en el contexto mundial. Muy pocos gobernantes tienen el honor de haber hecho de su vida política una consecuencia entre su discurso y su obra, particularmente en el cumplimiento de sus promesas políticas. Muy pocos han tenido la estatura ética de Allende para enfrentar la resistencia de los explotadores y opresores que ayer y hoy se oponen a los cambios que buscan democratizar la vida económica, política y social para que en este planeta no haya unos más humanos que otros, para que la dignidad y felicidad sea privilegio de toda la especie humana.
Allende abrió las fronteras diplomáticas hacia todos los pueblos del planeta, promoviendo la solidaridad y la cooperación en el llamado tercer mundo. Puso la preocupación por los grandes problemas de la humanidad como eje central de la política internacional. Sus palabras en la Asamblea de la ONU tienen plena vigencia en este mundo globalizado y sintetizan su vocación política de que no hay fronteras para ponerse al servicio de los pobres, de los explotados, de los oprimidos.
Todas las razones anteriores y muchas otras marcan una trayectoria inigualable de gobernante al servicio del pueblo que ofrendó su vida por una salida revolucionaria para superar la pobreza y marginalidad de los sectores populares; cambios estructurales que permitan poner la economía y la política al servicio de la mayoría, no de manera paternalista ni demagógica sino haciendo que el pueblo organizado y consciente de su realidad y de sus sueños, construya libremente su destino.
Samuel Leiva Cordero
Jefe del Departamento Técnico
Dirección de Educación Municipal de El Bosque

Más que el 20% el 2020

A propósito de la pregunta ¿Es posible lograr que el 20% más pobre de los estudiantes tenga la misma calidad de educación que el 20% más rico en el año 2020? En el Foro de la Educación Chilena del Portal Educar Chile.

La cuestión central no está en pensar sólo para el 20 % más pobre, porque los más pobres son más que el 20 %. Lo que el país requiere es la construcción de un nuevo modelo educacional que pueda ofrecer condiciones materiales y culturales iguales para todos los niños y jóvenes del país, independiente de su situación socioeconómica, región o creencias. En este contexto, el problema no es sólo más recursos y no basta aumentar los buenos docentes para que automáticamente la educación mejore. Acá hay cuestiones estructurales y que por ende son políticas e ideológicas: se trata de qué país queremos y qué educación necesitamos. Y eso hoy no se discute, presentándose la situación sólo como un problema técnico-burocrático, legal o financiero y cargando de culpas a los docentes.
El modelo educacional obedece al mismo modelo económico y político: a desigual distribución de la riqueza desigual distribución del conocimiento: escuelas pobres para niños pobres. Se requieren políticas de Estado construidas a través de un amplio debate nacional para diseñar un nuevo sistema escolar. Así como se requiere un nuevo sistema previsional, un nuevo sistema de salud y una nueva constitución política. La construcción de un nuevo modelo educacional democrático y al servicio de las grandes mayorías del país, está íntimamente ligado a la construcción de una sociedad efectivamente democrática no sólo en las formalidades sino en la distribución de la riqueza y en la distribución del poder económico y político.
Efectivamente hay que construir un nuevo estatuto docente que eleve la profesión docente al mismo nivel de un ingeniero, de un médico o de un abogado con igual nivel de preparación universitaria e igual sueldo. Entonces podemos pedir todo a los docentes. Hoy se nos quiere convertir en meros operadores del curriculum y somos vilipendiados cada día por los malos resultados, en los que teniendo una cuota de responsabilidad no somos los únicos responsables. La lógica ha sido cada vez más control y exigencias burocráticas. Existe y se ha fomentado una desenfrenada desconfianza hacia nuestras capacidades y cada vez más se busca intervenir en el aula y dirigir a control remoto lo que debemos hacer los docentes. Nada se dice que la baja de matrícula en las escuelas municipales ha exacerbado la carga horaria en el aula. Nadie analiza el hecho de que los docentes necesitan más tiempo de trabajo fuera del aula para estudiar, leer, trabajar en equipo, producir intelectualmente, investigar, seguir estudios de post-grado, etc. ¿Cómo se quiere que los docentes sean mejores si se les tiene encerrados en las aulas? Los expertos debieran investigar la rutina diaria de un docente que trabaja en una escuela municipal en jornada escolar completa, descubrirían el desgaste físico, mental y afectivo que ello significa.
La lógica de unos pesos más en difusos incentivos asociados al desempeño para indirectamente compensar los sueldos debiera cambiar. El asunto debe ser al revés: porque los docentes de Chile son profesionales que serán muy bien pagados y reconocidos socialmente en su labor serán altamente calificados y responsables de sus resultados. Así, ser docente en este país sería un honor y por tanto sólo debieran estar los mejores. Y por ello el sueldo sería tan relevante que se les exigirá dedicación exclusiva a la profesión y no tendrán que trabajar en otras actividades para hacer el ahorro complementario que les servirá para paliar la jubilación que muchos docentes hoy están recibiendo (que en algunos casos equivale a un tercio de lo que recibían en servicio)
El discurso de que los docentes son los principales responsables es milagroso: lava las culpa de todos los demás actores involucrados en el acto de educar a las nuevas generaciones. ¿Los medios de comunicación, principalmente la televisión, no tienen ninguna culpa en el deterioro del lenguaje y en el deterioro del capital cultural de los chilenos, léase hábitos intelectuales, habilidades sociales y otros? ¿Los padres no tienen ninguna cuota de responsabilidad en el deterioro de los hábitos, en la deformación valórica y en el control y supervisión de la formación de sus hijos? ¿Las direcciones y corporaciones de educación no tienen ninguna responsabilidad en las decisiones que toman y que determinan las condiciones materiales y administrativas en que trabajan los docentes? ¿Los alcaldes no tienen ninguna responsabilidad en la gestión del sistema escolar municipal? ¿Acaso la mayor de las veces las decisiones no se toman más bien obedeciendo a cálculos políticos? ¿Qué tan ágil son los municipios en la gestión de los recursos, sobre todo los que provienen del Ministerio de Educación? ¿Se ha estudiado cuántas semanas demoran los trámites desde que el Ministerio deposita los fondos hasta que se emite el decreto alcaldicio que autoriza su uso? ¿Qué responsabilidad asumen los funcionarios del Ministerio de Educación-a todo nivel- por la cantidad impresionante de programas y proyectos que instalan en las escuelas convirtiéndolas en árboles de pascuas con tantos colgajos? En esta lógica, todos los programas son excelentes y son las escuelas las que no saben gestionar. Las escuelas son conejillos de india; se inventan programas, se prueban y los conejillos nunca supieron si continúan, si fracasaron; total mañana aparece otro (véase por ejemplo el SACGE) ¿Qué responsabilidad asumen los senadores y diputados frente a toda la legislación muchas veces contradictoria que elaboran, donde la ley de las compensaciones hace aprobar normativas inconclusas? (en la ley de asignación de desempeño, originalmente sólo se beneficiaban los docentes con funciones directivas, sin embargo los y las jefes de UTP actúan cotidianamente como un docente directivo y muchas veces los reemplazan y representan en diversas actividades, además constituyen los equipos de gestión; pero no fueron considerados en la asignación. Tuvo que legalizarse después. El mismo PADEM está desfasado del año escolar, mientras se está ejecutando debe hacer el del año siguiente (¿?) ¿Qué responsabilidad asumen los formadores de docentes? ¿Se hacen cargo de la calidad de la formación que entregan a las nuevas generaciones de educadores? ¿Acaso lo que ha venido primando no ha sido la simple lógica hacer un negocio?
Es cierto que hay docentes que son deficientes en su trabajo, pero también hay médicos que han cometido negligencias mortales, jueces que han enviado a la cárcel a inocentes, abogados que se prestan para turbios enjuagues, alcaldes, diputados, senadores y ministros incompetentes y funcionarios que engruesan su patrimonio de manera muy discutible. Pero esos casos no empañan la importante labor que cada sector desempeña. Igual situación acontece con los docentes ¿Por qué el sistema educacional está mal por culpa de los docentes y por qué el sistema de salud está mal pero no por culpa de los médicos? Echarle la culpa de todos los males de la educación a los docentes es la forma más simple de eludir la responsabilidad que deben asumir quienes a todo nivel han dirigido el sistema educacional chileno.
En síntesis, los docentes no fomentamos la violencia escolar, no construimos viviendas básicas donde los pobres viven hacinados en barrios que caminan a convertirse en favelas; no pagamos bajos sueldos haciendo que los padres gasten toda su vida diaria en el trabajo y descuiden la vida personal y escolar de su hijos; no decidimos los programas de TV que bajo la lógica más mercantil educan a la población en modelos de vida donde no hay responsabilidad social, sólo exitismo y vanalidad. No decidimos que la educación sea una mercancía más en el Chile de hoy. No decidimos que cualquier institución que cumpla con los requisitos legales pueda formar docentes.
La Educación 2020 es una buena iniciativa y hay que apoyarla, pero se sitúa en la misma lógica de sempiterno paternalismo que desvía la atención por los problemas estructurales de la vida nacional: a falta de un sistema previsional justo, democrático que garantice pensiones para que todos los jubilados vivan dignamente, se crea una pensión compensatoria; a falta de una política nacional para garantizar libros baratos y el masivo acceso a la literatura se crea el maletín literario para los más pobres.
Los docentes tenemos una cuota de responsabilidad en el estado en que está la educación chilena y podemos hacer mucho más, pero no hacemos clases en el espacio exterior…

Samuel Leiva Cordero/16 de octubre de 2008.

domingo, 25 de julio de 2010

Más allá del paro Docente

A propósito del foro de la semana en Educar Chile: “¿El paro docente afectará los aprendizajes de los alumnos?” escrito el 29 de mayo de 2009 y publicado en dicho foro y en el diario electrónico El Amaule el 30 de mayo de 2009 en www.elamaule.cl/admin/render/noticia/21521 .

Efectivamente el paro está afectando los aprendizajes de los estudiantes. Este es un hecho indiscutible, como también es un hecho indiscutible que los aprendizajes se ven afectados al contar con profesores con su salud mental dañada, desesperanzados y en precarias condiciones anímicas trabajando en el aula, como es el hecho de tener directores que no son líderes pedagógicos sino meros administradores, como es el hecho de tener un Ministerio de Educación incapaz de fiscalizar lo que acontece en cada municipio, como es el hecho de tener Alcaldes para quienes la educación es un “cacho”…Por tanto, con paro o sin paro en este país, los aprendizajes hace rato están efectivamente siendo afectados, sobre todo en los sectores más pobres.
La defensa de la educación pública que hacen todos las autoridades, los dirigentes políticos y gremiales es más un discurso que una realidad. Si fuese así en este país los docentes serían validados socialmente como profesionales de alto nivel, con sueldos a la altura de las profesiones más preciadas en la sociedad (médicos, ingenieros etc.) Su formación sería de calidad en universidades exclusivamente dedicadas a eso. Los requisitos para estudiar y formarse como educador serían de alto nivel de exigencia pues sería un honor ser docente, ya que junto a la vocación de servicio público habría una exigencia de una profunda formación afectiva, social, e intelectual para educar a las nuevas generaciones. Los docentes tendrían menos horas de clases y dispondrían de tiempo para seguir estudiando, trabajar e equipos, asistir a congreso, seminarios, investigar, etc. Se trabajarían con menos estudiantes por curso, sobre todo en los sectores más vulnerables. Habría mayor movilidad en los cargos y funciones. Los malos funcionarios saldrían inmediatamente del sistema, tras su debido sumario, y no se tendría que soportar un(a) director(a) incapaz durante cuatro años y nuevamente otros cuatro años más por un “trucho” concurso. Los docentes tendrían una jubilación justa por su servicio a la patria, e incluso podrían seguir sirviendo a ella en labores comunitarias. La educación sería un tema de seguridad nacional pues el enemigo es la ignorancia, el oscurantismo, la pobreza, la discriminación, la explotación y todo aquello que impide que nuestras nuevas generaciones puedan formarse para vivir una vida digna y plena y en ello la educación puede hacer un gran aporte. Tendríamos un Ministerio de Educación que fiscalizaría cotidianamente que se cumpla las normativas y los docentes no harían paros para exigir un derecho tan básico como el bono SAE. Los medios de comunicación estarían al servicio de la educación y trabajarían codo a codo con el sistema escolar potenciando desde sus medios audiovisuales los aprendizajes más significativos. Sería constitucional que cada padre o madre debe responder legalmente por el desarrollo educacional de sus hijos y participar activamente en la gestión de la escuela, además, en el lugar de trabajo estarían por ley autorizados para asistir a las reuniones de padres y apoderados, así como asistir a las citaciones extraordinarias que haga la escuela. En cada comuna habría grandes bibliotecas, centros de formación deportiva y cultural para que todos los jóvenes puedan desarrollar sus inquietudes y talentos. La jornada laboral sería más corta para que los padres y madres pudiesen ser partícipes de la educación y crianza de sus hijos. No tendríamos 3 sistemas educacionales como el actual modelo (uno para cada clase social) sino que uno sólo como tarea estratégica del Estado, de alto rendimiento, gratuito y con una amplia participación y control ciudadano. Habría un Colegio de Profesores que no sería meramente contestatario a las políticas educacionales y gastaría el grueso de las cotizaciones de sus asociados en tener equipos profesionales al servicio de los docentes en cada comuna, que levantaría propuestas educacionales alternativas y no llegaría tarde a cada iniciativa del Ministerio de Educación que tendría su propia Universidad Pedagógica, que realizaría investigaciones profundas sobre las diversas temáticas educativas para avalar sus demandas y propuestas. Sólo así podríamos obtener mejores resultados en el SIMCE y en las pruebas internacionales.
Respecto del paro la evidencia empírica demuestra que la supuesta “recuperación de clases” tiene escaso éxito pues el Ministerio de Educación no va a poder fiscalizar que se cumpla en todas las escuelas, sobre todo si se piensa en los días sábados. Si los padres tienen ya otras actividades comprometidas en un horario extra de la escuela no van a llevar a sus hijos a clases. ¿Por qué los estudiantes deben asistir a clases extraordinarias como resultado de un hecho que no es su responsabilidad? ¿Por qué el Ministerio de Educación y las escuelas van a disponer de su tiempo personal? ¿Se va a indemnizar a los docentes por el daño causado al no cancelar el respectivo bono y el tener que dejar de hacer clases para salir en defensa de sus derechos? ¿Serán llevados ante los tribunales de justicia todos aquellos que resulten responsables por transgredir las normativas legales y atentar contra los derechos de los profesores al no pagar cada año el bono SAE?
En resumen, el tema central no es el paro, el tema es la educación que queremos para nuestro país en los próximos años.

El semáforo en el SIMCE: ratificando el Apartheid

Opinión vertida en el Portal de la Educación Chilena de Educar Chile el 24 de julio a propósito de la pregunta: La clasificación de los colegios con colores en virtud de su puntaje SIMCE ¿ayudará a mejorar la calidad de la educación?
Hay prácticas en los sistemas escolares que siglos atrás se asumían como algo muy normal y se justificaban como necesarias para que los estudiantes aprendieran el amor al estudio. Recordemos la palmeta, el gorro de burro, el encierro en cuarto oscuro, la varilla, el llenar páginas y páginas con frases tales como “debo portarme bien en clases”, entre otras. Todas ellas hoy se asumen como totalmente discriminadoras e incluso de practicarse serían denunciadas como un atentado a los derechos humanos, particularmente a los derechos de los niños. ¿Quien aceptaría que en la escuela el docente agrupe a los niños en verdes, rojos y amarillos según sus notas? ¿Quién aceptaría que a su hijo lo echaran de la escuela porque corresponde al 5 % de los estudiantes con más bajo rendimiento? ¿Quién aceptaría que en la escuela los docentes separaran a los niños en cursos de excelencia y cursos sin excelencia? Sin embargo eso es lo que está aconteciendo con la idea del semáforo sobre resultados SIMCE, la idea de los liceos de excelencia y otras políticas propuestas por el actual gobierno.
Es a todas luces-cualquiera que sea- una práctica discriminadora, excluyente y clasista, que atenta contra los derechos más esenciales de las comunidades educativas que están siendo afectadas por esta aristocrática medida. Discriminadora pues parte del supuesto de separar socialmente las “buenas escuelas” de las “malas escuelas”. Excluyente ya que es una invitación a que los padres no lleven sus hijos a esas “malas escuelas” y, por tanto, éstas deben desaparecer del “mercado educacional”, dado que ya nadie se interesa por sus servicios educativos. Clasista porque ratifica que en Chile hay educación según los recursos socio-económicos que se tienen; y quien tiene más recibe más educación. Porque las escuelas con rojo son las escuelas pobres, las que atienden a los niños socialmente más vulnerables. Ninguna escuela del barrio alto o de las capas medias aparecerá con rojo pues allí los niños vienen ya con un “capital sociocultural” suficiente para obtener mejores resultados académicos como ya lo demostraron Bordieu y Passeron en los años 70. Que las escuelas de la clase alta o media obtengan altos puntajes SIMCE no debe ser novedad. Es su obligación y lo raro sería que no los obtuvieran. Sin embargo, en las escuelas pobres, cualquier punto extra que logren cada año es un esfuerzo heroico por mejorar los saberes básicos de los niños más vulnerables, de aquellos que a veces no tienen padres detrás, de aquellos que viven allegados, de aquellos cuyos padres trabajan dobles jornadas para obtener un precario sueldo.
El supuesto de que el semáforo permite transparentar los resultados SIMCE a los padres, olvida el hecho de que decir a secas que esta es una escuela en rojo es una información sin contexto. No hace otra cosa que distorsionar la imagen de una escuela y significa manipular la realidad, ocultando lo que efectivamente hace dicha escuela. Un ejemplo concreto es lo que acontece con una escuela municipal de El Bosque que obtuvo un puntaje inferior a la media nacional el año 2009. No se informa que esa escuela está acreditada como escuela saludable, que tiene certificación de CONAMA como escuela ambientalista, que ha difundido en diversas instancias regionales su trabajo ecológico, que ha mejorado su disciplina y convivencia escolar, que el Consejo Escolar funciona con la participación de delegados de todos los cursos, que allí se hacen talleres de ciencia, de danzas folklóricas y de teatro, que fue campeón provincial de fútbol enfrentando a escuelas con dilatada trayectoria y que tienen supuestamente un SIMCE sobre la media nacional. Entonces ¿no es distorsionar deliberadamente la realidad con eso del semáforo SIMCE? Un padre o una madre que buscase matricula en dicho sector y viese que esa escuela está en rojo saldría huyendo pues según el mapa ese establecimiento huele a “mala calidad” de la educación.
La conclusión es una sola: el semáforo ratifica el Apartheid en el sistema escolar chileno, pues es obvio que mayoritariamente las escuelas con rojo son escuelas municipales y que según la aplicación de la denominada ley SEP cuentan con altos número de estudiantes socialmente vulnerables, los más pobres de los pobres. Apartheid en la tierra de Mandela significaba apartece de ellos. ¡Señores blancos sepárense de esos negros en todos los aspectos de la vida! El semáforo de Piñera-Lavín es el mismo llamado: ¡Señores aparten sus hijos de esas escuelas, que no estudien con esos profesores que no enseñan nada, que no se mezclen con esos niños que no aprenden nada! Es lo mismo decir: “¡Ah no, linda! esa escuela huele a pobre. No mezcles tus hijos con esos rotos” como diría en los años 80 la Pía Correa Gumucio, ese emblemático personaje que interpretaba Coca Guazzini en ese sketch humorístico Los Eguiguren. Sólo que esto no es para reírse, pues la medida discrimina a miles de escuelas, a miles de docentes, a millones de niños y sus familias. Una situación que no deja de ser dramática en un país que viene desde 1990 propiciando la equidad y calidad en la educación. No hay que asombrarse si mañana al Super Ministro Lavín se le ocurre ponerle el “gorro de burro” a los directores y docentes de las escuelas que obtengan bajo resultados en el SIMCE.
Para quienes aspiramos a una educación democrática en una sociedad democrática, no nos queda otra que seguir la ruta de Mandela, es decir luchar contra el Apartheid, disfrazado de un “inocente” semáforo informativo sobre el SIMCE. Y la primera tarea en dicha lucha es hacer público el trabajo educativo de las escuelas más pobres, más allá del SIMCE, es decir, rescatar el aporte sociocultural y ético que hacen las escuelas municipales en los barrios pobres.

En el SIMCE pierden los pobres

Opinión vertida en el Foro de la Educación Chilena del portal Educar Chile el 27 de Junio de 2010 respecto de el SIMCE 2009: ¿ Sólo malas noticias?
Hay que desmitificar algunos supuestos del SIMCE que se han convertido en un permanente cantinela de las autoridades y difundidas sin mirada crítica por parte de los medios de comunicación social: haciendo que los habitantes de nuestro país comulguen con ruedas de carreta cada vez que se presentan los resultados obtenidos por las escuelas y/o liceos en la respectiva medición anual. Sólo así se podrá comprender y valorar en su justa medida el SIMCE y darle el efectivo uso pedagógico que todos los expertos recomiendan pero que olvidan cuando se hacen parte de la sistemática campaña destinada a estigmatizar al sector municipal.
En primer lugar, aclarar que los procesos educativos que acontecen en las escuelas y liceos, materializados en la enseñanza de los docentes y en el aprendizaje de los estudiantes, son complejas inter-acciones sociales, ideológicas y culturales en la que están presente una variedad de factores tales como la historia familiar y académica de cada estudiante y de su propio grupo curso, la trayectoria personal y profesional de los docentes, sus expectativas sobre los estudiantes, la capacidad de gestión pedagógica de los directivos, el aporte de la familia a las tareas escolares, los recursos materiales y técnicos disponibles en la escuela, el clima organizacional existente, la capacidad pedagógica e influencia de los supervisores del Ministerio de Educación, entre muchos otros. Por ello el aprendizaje escolar no es mensurable como se hace con la producción de zapatos, salmones, frutas o cobre. El puntaje SIMCE no es equiparable al IMACEC, PIB, IPC u otro.
En segundo lugar, el SIMCE en estricto rigor no mide la calidad de educación, pues un grupo reducido de aprendizajes escolares no pueden hacerse pasar como sinónimo de calidad de educación. Excluye las transformaciones más profundas que viven los estudiantes en su desarrollo personal y social, en sus actitudes, valores, hábitos de vida, formación ciudadana, formación artística y deportiva, participación en acciones sociopolíticas, entre otras.
En tercer lugar, el SIMCE no mide todo el currículo sólo lo hace en una porción determinada y a través de pruebas estandarizadas de lápiz y papel con lo cual todos los estudiantes de Chile se enfrentan al mismo tipo de preguntas, no pudiendo demostrar otras formas en que han comprendido, aplicado o recreado determinados conceptos, procesos o procedimientos. La manera de operar del SIMCE, nos indica desde ya que las escuelas que obtienen bajos puntajes no son escuelas en las que los estudiantes no aprenden nada, como se hace ver sistemáticamente a través de la prensa y del propio Ministerio de Educación. A lo más puede deducirse que sus docentes y estudiantes presentan deficiencias en el trabajo de determinados contenidos y habilidades y no más que eso. ¿Cómo se explica que un octavo año que si bien no alcanzó el promedio nacional en el SIMCE, la mayoría de sus estudiantes continúan estudios y obtienen buenos resultados en las pruebas de admisión que tuvieron que dar para ingresar a la enseñanza media?
En cuarto lugar, el SIMCE entrega los resultados bajo la lógica de promedios, por tanto ello también supone que en un curso hay estudiantes que alcanzan puntajes nacionales superando con creces la media nacional y otros que están muy debajo de ella. También en una misma escuela un curso puede manifestar mejores resultados que otro pero como es el promedio escuela ello no es públicamente reconocido.
En quinto lugar, recordemos que el SIMCE fue creado por la Dictadura Militar bajo el supuesto de ser el control de calidad del sistema escolar y permitir con ello a los padres, previamente informados del puntaje SIMCE, elegir el colegio que presentaría mejor calidad educativa, es decir aquel de mejores puntajes. Un supuesto perverso porque históricamente la tendencia de las escuelas pobres es a obtener bajos resultados en cualquier prueba estandarizada a nivel nacional. Eso ha sido así de del origen del SIMCE. Sólo si tomamos la prueba de lenguaje en los cuartos años básicos, en 1999 la distancia entre las escuelas municipales y las particulares subvencionadas era de -20 puntos, en 1996 era de -19 puntos y el 2009 fue de -19 puntos. Para que hablar de la distancia con las particulares pagadas donde ha oscilado alrededor de -60 puntos. Esta situación se repite en los octavos años, donde, por ejemplo, en la prueba de lenguaje la diferencia ha sido de unos -19 puntos promedio entre municipales y particulares subvencionadas y de unos -58 respecto de las pagadas Ahora bien si en los mismos cuartos años básicos miramos la distancia entre los grupos socioeconómicos Bajo y Alto, los dos extremos de la clasificación que hace el SIMCE, resulta que el grupo Bajo se ha mantenido históricamente a - 67 puntos promedio de distancia del grupo Alto en lenguaje y de -78 en matemática. Es decir, por mucho que hagan esfuerzos las escuelas de los niños pobres el sino histórico de la desigualdad económica y sociocultural aflora en cada medición del SIMCE. Esta situación se reitera en cada una de las pruebas y en cada nivel que es medido.
No es sólo el SIMCE, recordemos que cada año que se entregan los resultados de la PSU, los sectores pobres y los liceos municipales en los que estudian manifiestan la enorme brecha educativa. Hace cinco años, una proporción menor de estudiantes de establecimientos privados superaba los 600 puntos: sólo era el 47%. Hoy, constituyen casi 6 de cada diez integrantes de este grupo, que puede acceder a las carreras y universidades más selectivas. En contraste, el número de alumnos de colegios municipales en este tramo ha bajado: en 2004, eran el 10,4% de los que lograban más de 600 puntos. En la última PSU, fueron el 9,8%... Ha crecido la proporción de alumnos de ingresos familiares altos (superiores a los $ 850 mil por hogar) con más de 600 puntos: han pasado de representar el 46% al 58%. Mientras, el número de estudiantes del sector más bajo (ingresos de menos de $ 280 mil) en esta situación ha descendido levemente: en este proceso de admisión, sólo 8% se ubicó en el tramo de más de 600 puntos y universidades más selectivas; hace cinco años, 9% superaba esa barrera. (http://aquevedo.wordpress.com/2008)
Entonces el SIMCE no hace otra cosa que ratificar que en Chile hay educación según la clase social a la que perteneces, hay un sistema escolar que refleja lo que acontece en las otras dimensiones de la vida económica y sociopolítica: los niños que obtienen bajos puntaje en el SIMCE, viven en viviendas sociales en barrios de calles estrechas, hacinados, se atienden a lo más por FONASA en los policlínicos u hospitales públicos, sus empleos si los tienen son de bajos ingresos y para qué vamos a hablar de las posibilidades de jubilación… El SIMCE refleja lo que Chile es hoy en materia educativa, como la educación refleja la estructura social en la que los hogares del quintil más rico del país concentran el 51,03% del ingreso total, con un ingreso promedio mensual por hogar de $1.681.182, cifra 9,5 veces superior al quintil más pobre, que percibe mensualmente $177.041. Los hogares de este último quintil representan el 5,38% del ingreso total. (http://aquevedo.wordpress.com/2008) En síntesis, las noticias serán buenas o malas según la perspectiva desde la que se quiera ver la educación chilena. Si se piensa en que los recursos invertidos no reflejan en el puntaje se asume entonces que muchas escuelas el año 2009 no aportaron ningún valor agregado, lógica empresarial que es válida para la inversión hecha en el seleccionado nacional de fútbol que hoy está en Sudáfrica pero no sirve para los procesos educativos.
Los esfuerzos por mejorar los resultados educativos y no sólo en la prueba SIMCE están en todas las escuelas y liceos del país y periódicamente a unas cuantas escuelas, de las más pobres les tocará bailar con la bonita pero la tendencia histórica seguirá arrojando la misma brecha sociocultural: los niños pobres aprenden menos porque su mundo está hecho para que ello sea así. Sólo en un país distinto es posible alcanzar calidad y equidad en educación, porque en ese país distinto también se habrá alcanzado la equidad y calidad en el empleo, en la vivienda, en la salud, en la participación política, en la distribución de la riqueza nacional, en el tiempo disponible socialmente para la vida familiar, en la participación de los padres en los procesos educativos, entre otros. Ver los resultados del SIMCE desde la lógica de mejorar la formación de los docentes, de mejorar la gestión de las escuelas, de perfeccionar el trabajo en el aula sólo es una parte del problema. Eso sirve para mejorar la situación en algunos pisos pero no resuelve los problemas estructurales del edificio, porque además ese edificio es parte de un diseño de país.

No confundamos los planos: a propósito de suspender la evaluación de desempeño docente el 2010

Opinión que emití el 24 de abril de 2010 en el "foro de la educación hilena" del portal de Educar Chile, donde se pregunta ¿debe suspenderse la evaluación docente 2010?
A mi juicio no deben confundirse los planos. La reconstrucción de las zonas afectadas no puede ser excusa para que el sistema educacional chileno suspenda sus grandes tareas. El eje del debate debe ser otro. Es si la evaluación de desempeño docente permite efectivamente dar cuenta de la "calidad" de los docentes que trabajan en el sector municipal.
La evidencia empírica y la propia crítica teórica permite señalar que el modelo instaurado en Chile peca de reduccionismo, es tecnicista y, además, posee una serie de patologías que hacen que sus procedimientos y resultados sean bastante cuestionables (véase al respecto las patologías de la evaluación según Miguel Ángel Santos Guerra, en su texto Evaluación Evaluativa Tomo I). Al respecto se reduce el desempeño del docente a la capacidad de elaborar una planificación de una unidad pedagógica de 8 horas y su correspondiente instrumento de evaluación de la unidad, realizar una clase filmada de 40 minutos, una autoevaluación del docente y el informe de terceros (jefes directos del docente). Algunas críticas al modelo vigente permiten concluir que: a) el momento es muy cuestionable pues dicha evaluación se hace de manera tardía como para pensar efectivamente en un proceso (pasada la mitad del año escolar cuando es posible que los objetivos dados para ser evaluados el docente ya los haya tratado en el aula); b) los profesores deben planificar eligiendo una de las dos alternativas de OF y CMO que se presentan para el nivel y sector del plan de estudio en que se evaluarán, lo cual hace de esto un trabajo muy formateado y bien podrían los profesores de una comuna o del país ponerse de acuerdo en planificar en su sector de aprendizaje solo en la opción A o B; c) se solicita una planificación de ocho horas sobre la opción elegida sin considerar que eso ya pudo haberse desarrollado ni tampoco solicita el posible plan anual con que se vincularía la supuesta unidad pedagógica, es decir, se planifica en abstracto; d) una clase filmada que -hace gala de la perfomance del docente-pudo ser la mejor del año pues no hay otras con las cuales comparar y observar una posible evolución o mejora de las prácticas en el aula; e) si bien considera los resultados de aprendizaje, éstos no son solicitados -se dan como supuestos- y sólo se pide una reflexión pedagógica sobre ello; f) no considera el contexto institucional en el que se desarrolla la docencia del profesor evaluado, es decir, las características de la escuela en la que se ejecuta el trabajo pedagógico, por tanto los docentes evaluados “viven en el aire”; g) tampoco considera la trayectoria de los docentes para explicar sus procesos de trabajo en el aula, es decir los docentes no tienen historia; h) se solicita una clase de 40 minutos cuando en realidad los docentes trabajan en una cultura escolar donde imperan bloques de 90 minutos.
Todo lo anterior ha creado la leyenda negra –que circula entre los pasillos de las escuelas-de que “hay gente que ha pagado por hacer el portafolio”. Más allá de que sea cierto o no, el actual modelo amerita ser analizado para poder debatir, por un lado, si efectivamente es confiable, válido y pertinente y, por otro, de asumirse el hecho de que es necesario evaluar el desempeño docente pensar en un modelo alternativo que considere que el trabajo pedagógico es de una gran complejidad sociocultural en la que están presente elementos ideológicos, éticos y políticos, y que no puede aceptarse que un docente con el hecho de fallar en el portafolio es un “mal docente”. Pues se ha dado la paradoja de que docentes calificados como básicos obtienen altos resultados en el SIMCE o en proceso lectoescritura en primer año básico y docentes calificados como competentes tienen serios problemas de manejo de contenidos o de construcción de climas sanos en el aula. La invitación es a repensar la evaluación de desempeño desde una perspectiva democrática y anclada en la escuela, donde cada docente se autoevalúa y es evaluado por sus pares en torno el cumplimiento de sus públicos compromisos de enseñanza y en la perspectiva del mejoramiento colectivo del trabajo pedagógico. Sólo en este contexto es justo y necesario suspender la evaluación de desempeño, no por la reconstrucción post-terremoto sino por la auténtica democratización de la educación chilena.

Más de más de lo mismo: ¿JEC hasta las 20 horas?

Opinión que emití el martes 08 de junio de 2010 en el "foro de la educación chilena" del portal de Educar Chile, donde se pregunta ¿ Es viable extender la jornada escolar de los establecimientos que atienden a alumnos vulnerables hasta las 20:00 hrs?

¿Es viable extender la jornada escolar de los establecimientos que atienden a alumnos vulnerables hasta las 20:00 hrs? Efectivamente es viable. Es cuestión de convertirla en ley y de alguna manera se implementará a pesar de los costos sociales y pedagógicos que ello pueda significar. Esta idea no hace otra cosa que sincerar algo que viene aconteciendo desde la denominada municipalización de la educación (larga marcha hacia la privatización): la distorsión del rol educativo de la escuela y su transformación en mercancía de gran valor para quienes pueden lucrar con ella y en guardería para los sectores más pobres. ¿Acaso no fue eso lo que aconteció ya con la cuestionada jornada escolar completa? Mientras los sostenedores privados han venido construyendo magnas infraestructuras con dinero de todos los chilenos, en los sectores municipales las trabas burocráticas y camisas de fuerzas legales han limitado cumplir con el supuesto educativo de la JEC: permitir más y mejores aprendizajes.
Para el desarrollo artístico, cultural y deportivo que bien podrían significar esas horas JEC en los sectores más pobres no sólo se requiere voluntad sino recursos materiales y profesores especializados, directores pedagógicos y no simples extensiones horarias. Para los niños más pobres las horas JEC terminaron siendo guardería con más de lo mismo. Las escuelas pagadas y particulares subvencionadas antes de la JEC e incluso sin ésta venían en su mayoría entregando a sus estudiantes esa gama de talleres que se vendió en el discurso de la JEC. Hoy la extensión hasta las 20:00 es más de lo más de lo mismo. Se sincera el verdadero sentido que las escuelas y liceos han tomado para los sectores más pobres: ser guarderías de niños y jóvenes para prevenirlos de la delincuencia, el vagabundeo y todos los males sociales que hay más allá de las horas al interior de las escuelas. Esto sincera el trato de niños y padres hacia los profesores: ser tíos y tías. El colegio de Profesores tendrá que cambiar su nombre a Colegio de Tías y Tíos de Chile AG. En los registros estadísticos se deberá cambiar el concepto de alumnos por el de sobrinos. Y los padres de los sobrinos serán hermanos o hermanas de los profesores (¿de qué modo se llama al padre o hijo de un sobrino?)
Las escuelas se volvieron guarderías con la jornada escolar completa y la propuesta de extender el horario es extender el período de atención en la guardería. La cuestión no va por ahí. Pretender resolver todos los problemas sociales desde las escuelas es una ficción demagógica. No se puede esperar que la escuela atienda todos los males de este mundo neoliberal. No es cuestión de que si alguien se roba un televisor durante un período de terremoto automáticamente los sesudos de siempre recomienden incorporar en las escuelas un programa de cómo portarse bien en caso de catástrofes. La solución pasa por políticas de Estado para superar la pobreza y facilitar a los padres la posibilidad cierta de que sus hijos puedan tener una educación de calidad, pasa por crear condiciones materiales y socioculturales para que todos los padres de este país -y no una minoría- tengan los recursos económicos y los tiempos reales para apoyar la educación de sus hijos. Eso significa que deben mejorarse los sueldos para que la mayoría de la población tenga un trabajo estable y bien remunerado, es disminuir las horas de la jornada laboral para que se cumpla eso de 8 horas de trabajo, 8 de recreación y 8 de descanso y los padres puedan efectivamente acompañar a sus hijos en el estudio. Es implementar programas masivos de promoción del arte, la ciencia, el deporte y la participación ciudadana en todos los barrios de Chile, sobre todo en los más vulnerables, o sea más salas de cine, más bibliotecas, más recintos deportivos, más centros culturales. Incluye cambiar el sentido y propósito de los medios de comunicación de masas y transformarlos en un agente educativo que actáu en la misma línea de la escuela. Eso implica establecer por ley que los padres tienen derecho a asistir a las reuniones de apoderados de sus hijos y durante la jornada laboral a lo menos una vez al mes un par de horas para ser atendidos por el respectivo profesor jefe. Significa que el Estado debe establecer sanciones legales para los padres y madres que matriculan a sus hijos en las escuelas y durante el año nunca más supieron de ellos y llegan en abril o mayo del año siguiente buscando otra vez matrícula sin ni siquiera saber qué sucedió el año anterior. Significa que el Estado o la sociedad civil deben apadrinar a todos los niños pobres que no tienen detrás de ellos a un adulto responsable que se haga cargo de su proceso educativo. Significa recuperar el sentido educativo de la escuela y de la profesión docente:
No es cuestión de más horas sino de transformaciones más profundas en la vida económica, política y cultural de la mayoría de los habitantes de este país. La propuesta huele a podrido. No es neutra. Más hora de los niños en las escuelas más pobres significa más tiempo para que los padres trabajen tranquilamente, o sea, mayor explotación capitalista. La alternativa es más tiempo de los padres para educar a sus hijos y el tiempo justo para que las escuelas aporten al proceso educativo de las nuevas generaciones. La propuesta raya en la demagogia pues deja muchas interrogantes sin responder. ¿Podrá la comunidad educativa de una escuela decidir libremente si asume esa extensión horaria? ¿Habrá fondos especiales para financiar lo que se hará en dichas horas? ¿Quiénes trabajarán en ese período? ¿Serán los mismos directivos y docentes o ingresará un turno de recambio que ha sido licitado bajo la lógica de guardería educativa? ¿Estarán los niños en condiciones de asistir alrededor de 11 a12 horas diarias a la escuela (de 8:30 a 20:00 horas), si ya con la JEC la situación es agotadora física y mentalmente por muy entretenida que se postule?
Todo parece indicar que retornamos a los tiempos de la revolución industrial: padres y niños dedicando sus vidas exclusivamente a la reproducción del sistema. Obviamente esto es para las familias pobres. Se trata de que los futuros Oliver Twist no se conviertan en Cizarros, por eso hay que mantenerlos encerrados en las escuelas, es más dulce que estar bajo la tutela del SENAME.